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viernes, 31 de octubre de 2014

Las Hamacas. de Cesar cantoni


Las hamacas que visitábamos de noche nos interpelan,
el bosque que recorrimos juntos nos interpela:
hablan de nosotros y repiten nuestros nombres.

No es todo lo que quisiéramos oír
pero su voz se oye clara en cuanto apoyamos la cabeza.

Dicen sí y no,
dicen claridad y oscuridad, siempre de a pares;
de dos en dos, no se cansan de repetirnos.
Hablan de lo que llega limpio y no tarda en desvanecerse,
de lo que se eclipsa y regresa cuando ya no lo buscas.

En el vaivén está su secreto,
en el soplo y en la brasa, en la aparición y en la desaparición.
Por su abundancia, la luz tiene necesidad de repetirse,
hace nido en la piel y se transforma en memoria.

Dispuestos a partir –no una, sino mil veces–, regresamos;
regresamos porque no hay otro lugar y el mundo es éste
y aceptar la vida es el lugar.

Tu estatura no era elevada como para escuchar esa voz
que se abalanzaba desde las sombras,
pero juntos, tomados de la mano, formábamos una columna
más fuerte que tu miedo y el mío.

Las hamacas nos enseñaron a escribir sobre el agua,
a dibujar grandes círculos en la arena
y a confiar en el bosque del que no hemos salido.


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